Presentación:

« Las palabras con las que nombramos lo que somos, lo que hacemos, lo que pensamos, lo que percibimos o lo que sentimos son más que simplemente palabras. Y por eso las luchas por las palabras, por el significado y por el control de las palabras, por la imposición de ciertas palabras y por el silenciamiento o la desactivación de otras, son luchas en los que se juega algo más que simplemente palabras..»

Jorge Larrosa

martes, 12 de agosto de 2014

Poseído

H
acia años había abandonado el sistema, con su nombre había dejado atrás su historia y también su futuro. A cambio, se había hecho dueño pleno de su presente. El decidía, nadie más, él vivía donde y como quería, no le debía nada a nadie, no compraba, no vendía, estaba por fuera de todo circuito del capital.
Le encantaba esa esquina, cerca de esa plaza de añosa arboleda, en la que la ciudad parecía lindar con el bosque. Allí pasaba sus días, sus noches, sin importar el clima, la naturaleza tenía con él un pacto de cuidado tácito.
En sus paseos matutinos, por las calles atestadas de gente cuyas vidas corrían tras el tener, muchos lo miraban de costado, algunos hasta se compadecían de su andrajosa apariencia, pobres locos pensaba.

Que irónico traidor es el destino, no se había dado por vencido, le tendería aun otra trampa. Cuando pasaba por ese antiguo negocio, el despachante sacaba a la calle un viejo sillón para tomar el sol, en deplorables condiciones. Inmediatamente, ni bien sus ojos se posaron en el, su deseo hizo el resto del trabajo, corrompiendo hasta la fibra más profunda de su corazón. Lo quiso, lo quiso para él, para nadie más. Corrió, y en el mismo momento que puso su mano sobre  cuero roto del respaldo, se perdió para siempre.

lunes, 11 de agosto de 2014

La hora vigesimoquinta

E
l despertador chirriaba intermitentemente, los grandes números rojos que anunciaban las 5:00 a.m. iluminaban tenuemente la habitación.
En silencio, para no molestar el sueño de los demás integrantes de la familia, se levantaba y mientras sintonizaba la estación  de radio acostumbrada, preparaba su ropa y se dirigía a tomar un baño.
En la soledad más profunda y fría de aquel momento en que la noche da paso al alba, sorbía su café, repasando mentalmente su agenda.
Tomaba ese tren, ya atestado de cuerpos, con miradas vacías, sumergidos cada uno en sus propios pesares.
Minuto  a minuto, la aguja le marcaba los pulsos de su monotonía, él solo se dejaba llevar, llevar a ningún lado, por esa vida aburrida y sin sentido. No se reprochaba nada, ni siquiera incluso, la autoría de su estado.
Volvía a su hogar tarde a la noche, cuando ya nadie lo esperaba, comía solo, también en silencio, faltaba poco, unos minutos más.
Así ocurría, que cuando el día terminaba para el resto de la humanidad, el ajustaba el reloj, volvía las manecillas atrás, solo una hora, su hora, una hora para ser.

En esos sesenta minutos se daba tiempo para escuchar alguna vieja canción, soñar, anhelar y hasta reír. Era su tiempo, el que robaba noche a noche a un destino sin color. Se permitía una lágrima, al final, antes de volver, una lagrima que se secaba en sonrisa, pronto todo volvería a empezar.

martes, 5 de agosto de 2014

La asamblea

El argumento ontológico o a priori, que afirma que la idea de Dios está implícita en la idea que el hombre se hace de él como perfección suprema, la demostración cosmológica, que se basa en la necesidad de una causa primera, y la fisicoteológica, a partir del orden del mundo que postula un ordenador.

Luego de un breve y doloroso preludio, cuando debía terminar la función y mi ser dejar de ser, descubrí que no había llegado el final.
Me invadió una inmensa alegría al saber de un futuro, pero duro menos de lo que hubiera deseado, ya que el júbilo dio paso al asombro.
¿Quién no se sorprendería?, todos esperamos que el juicio final sea llevado a cabo por el Señor, un único magistrado, una única conciencia. ¿A quién se le ocurriría pensar que el caso lo decidiría un cuerpo deliberante? 
Me pregunto esto y sobre el pucho, me respondo, pero claro que se podría pensar, debería haberlo hecho, está implícito y hasta es lógico, ¿cómo un ser supremo no se daría cuenta de lo imperfecta que es una autoridad única?, de lo rico que puede ser el debate, de que no existe justicia en la unicidad.
Pero claro, sigo reflexionando, fuimos creados a su imagen, y Él es el supremo creador, no sería así si no confiara en su obra y compartiera su poder, quienes mejor que nosotros y él para enjuiciar. 

Me exalta esta verdad, debí inferirla al menos, debí haberla previsto, en las lecturas sagradas, si allí casi está escrita, pero ahora debo tranquilizarme, debo dar alegato, ahora se ante quien, de eso no hay duda, mas ahora lo pienso y me invade nuevamente la duda, otro dilema, tendré que dar cuentas, ya lo sé, pero…¿sobre qué?

miércoles, 4 de junio de 2014

Presentación de Paracuentos


Este sábado 7 de junio, a partir de las 17:00 hs., con la participación especial de nuestro amigo el saxofonista Pablo Raffa, presentaremos nuestro libro "Lo mejor de Paracuentos 2013". Los esperamos.


Eureka!!!

Solo, en la bañera repongaba, como si no hubiese tema en la vía lechera que lo distrajera del asunto.
Jugueteaba con las pomponas de soba perfumada, deleitándose con las pequeñas embuchaciones pos mortem de tales configuraciones acuíferas.
Más todo lo bueno es corto, y aquel caldo primigenio que hirviole  desde los juanetes, había tornado ahora en una sopa inerte, fría y espesa.
Decidido a emerger por completo, tomo carrera y de una vez por todas quedo como el idolino di Pesaro frente al espejo.

-Eureka!!!, gritole, Eureka, retumbose otra vez su voz, y al verse solo, en bolas y a los gritos, una corriente de bochorno lo recorrió por completo, llevándose consigo la tal idea magistral que lo hubiera o hubiese sacado del anonimato.

domingo, 25 de mayo de 2014

El critico

Encaro tan decidido el comedor, que el mozo que lo recibió no pudo sugerir ubicación como a cualquiera, se debió contentar con acompañarlo hasta la mesa. Se sentó, y miro todo a su alrededor, hizo foco en la tabla  y reparo en cada detalle, mantel, servilletas, disposición de los cubiertos. La expresión de su rostro, era la misma que la de alguien que olfateaba estiércol.
El joven se presentó con el menú en mano y una amplia sonrisa, que pronto se borró al ver a los ojos al mal llevado cliente. En cuanto estuvo pronto para retirarse, recibió la primer orden, que fue emitida sin siquiera consultar existencia, como si fuera imposible la ausencia. – Cabernet Sabignon, del 90.
Minutos después, sorbió sonoramente el vino contenido en esa cristalina copa y lo aprobó a regañadientes con un gesto de desdén. Pidió una entrada ligera, y un plato principal cuya elaboración convoco al más experto chef de la cocina.
Una vez servida la mesa, empezó a comer como sin ganas, separando y revisando cada ingrediente, saboreando y anotando cada impresión. Su actitud ya había llamado la atención de todo el personal, no podían encontrarse frente a otro que no fuera un crítico gourmet. Con la intención de recibir una buena recomendación, cada uno se esforzó por complacer aquel curioso comensal, fantaseando con la tapa de alguna revista del ramo.
Fue el postre la piedra de la discordia, arruino con un caramelo apenas quemado, lo que hasta ahora había sido una seguidilla de éxitos culinarios de nivel superlativo. Se levantó, enojado, tirando la servilleta sobre la mesa, puso manos en los bolsillos y se retiró del recinto sin cambiar palabra con nadie, a paso sereno y levantando la barbilla a un punto casi inalcanzable.
Mientras el ofendido caminaba hacia su casa, en el negocio nadie hablaba sobre lo sucedido, las miradas coincidían en la responsabilidad absoluta de aquel amargo flan. El incidente trato de olvidarse rápidamente, rezando porque pase inadvertido en la crónica de aquel desconocido.

El, ya en la comodidad de su sillón predilecto, bebía un café cargado, tratando de pensar cual sería el lugar en el que almorzaría, sabia de buena fuente que el bodegón sobre Cerrito, tenía una salsa roja de acidez imperdonable.

miércoles, 21 de mayo de 2014

La empresa

Buscaba empleo como tantos otros, si bien no era ambicioso, ponía especial énfasis en aquellas ofertas en las que el esfuerzo quedara marginado de los requerimientos, no por vagancia, ni por flaqueza, sino porque había de algún modo adquirido un cansancio crónico.
Ese aviso en particular, llamo de inmediato mi atención, no porque me pareciera una oportunidad interesante, sino que lo llamativo era justamente lo engañoso de su redacción, a tal punto que me era imposible determinar cuál era el puesto a cubrir.
Ese día me levante muy temprano y me prepare como para asistir a una entrevista, ni muy formal, ni de entre casa, nada sobresaliente, pero si con ropa de poco uso. Tome el transporte público y llegue a la capital del país, con tiempo suficiente para disfrutar un café  en la esquina del lugar de la cita.
A las ocho en punto me presente y fui recibido por una amble señorita que se auto título “Assistant Chief Executive”. Luego de una breve espera, me condujo hasta una gran oficina donde quien oficiaría de anfitrión era un joven de poco más de una veintena, quien dijo ser “Head of human resources analyst”. Debo reconocer que su manejo de la verba era impecable, ya que en la media hora larga que duro el encuentro me deleito con el más variado léxico posible, eso sí, sin aclararme en ningún momento a que se dedicaba la empresa que representaba, ni que requisitos debía cumplir el candidato a ocupar la vacante que se ofrecía.
Pocos momentos después, tomábamos el ascensor y nos dirigíamos al piso 12, allí en un estar con varios cómodos sillones, había otros 10 candidatos como yo, todos muy concentrados en completar formularios. Tome mi lugar y revise la papelería, dándome pronto a seguir el proceder de los demás, en estas situaciones uno tiende a imitar a la mayoría, dejando para otra ocasión los destellos de individualidad.
Había, pasado una hora más, cuando se hizo presente otro sujeto, totalmente clavo, quien dijo ser “Senior Assistant Head of management”, de evidentes habilidades discursivas también, nos brindó una charla de unos cuarenta minutos, arengándonos a sentirnos dichosos si al final de la jornada se decidía nuestra incorporación. Otra vez se me exceptuó de conocer tanto fines de la organización como requisitos para la selección.
Bajamos ahora al piso 8, contaduría, y allí esperamos otra vez, unos veinte minutos más, cuando hizo su aparición el “Master Chief accountants”, si bien este personaje parecía más bien callado, sus palabras eran justas y directas, sin altisonancias. En poco tiempo, nos explicó que se nos entregaría un sobre, en el que se daría cuenta de la propuesta.
Demás está decir que mis expectativas como las del grupo habían llegado al máximo, que ya habíamos perdido la compostura y habíamos olvidado el espíritu de competencia propio de la situación.
-¡Excelente!, -Justo lo que buscaba. -¡Que oportunidad! Eran algunos de los comentarios que oí.
Dentro del sobre de color madera, en un papel de fina calidad, se encontraban  estas líneas:

Usted ha sido seleccionado para formar parte de nuestra excelentísima  empresa, company for corporate quality improvement, luego de un exhaustivo  examen preliminar, podemos determinar que sus capacidades son las necesarias para ocupar el cargo de “junior's section chief”. Este cargo requiere de una capacitación inicial a cargo del futuro jefe, por lo que deberá depositar en nuestra cuenta la suma de $ 5000 (pesos cinco mil) los que serán reembolsados una vez que empiece a desempeñarse en su futura oficina en concepto de acciones de la que a partir de ahora será “su” compañía. Bienvenido y a trabajar.
Luis coruptelli – Head communications analyst