Presentación:

« Las palabras con las que nombramos lo que somos, lo que hacemos, lo que pensamos, lo que percibimos o lo que sentimos son más que simplemente palabras. Y por eso las luchas por las palabras, por el significado y por el control de las palabras, por la imposición de ciertas palabras y por el silenciamiento o la desactivación de otras, son luchas en los que se juega algo más que simplemente palabras..»

Jorge Larrosa

sábado, 28 de enero de 2017

Piedras preciosas

C
orría el año 1987,  y antes de las siete de la mañana, ya  estaba vestido con guardapolvo blanco inmaculado, recién planchadito, medias azules hasta las rodillas, zapatos canadienses, camisa celeste, corbata azul con elástico, mi mama terminaba de peinarme completando la preparación poniéndome palo amargo (o cuasia amarga con alcohol). Mientras ella se distraía tomando unos mates, yo revisaba mis bolsillos, asegurándome de llevar lo importante: figuritas para intercambiar, las de menos valor para jugar, la punterita, un par de aceritos que mi viejo me traía del trabajo (ser el hijo de un mecánico traía estos beneficios cuando desarmaba algún ruleman), algunas bolitas comunes para pagar las perdidas, las piedras de la payana…
La escuela primaria N° 23, “Almafuerte” quedaba a 8 cuadras de mi casa y las recorríamos de ida y de vuelta caminando con mi madre, que a veces de regreso, traía su bici y me llevaba en el porta equipajes. 
Una vez que recitábamos en perfecta formación, la oración a la bandera e izábamos el pabellón nacional, cada uno con su maestra se iba a su salón. Una hora después, empezaba la verdadera jornada, en el primer recreo, en esos quince minutos llegamos a vivir vidas enteras, el tiempo parecía hacerse lento, y permitía las luchas más cruentas, las expediciones más apasionantes, los amores más sinceros…

Aquel día, aunque teníamos pendiente una partida de bolitas, había cambios en el patio que ameritaban otras activodades prioritarias, habían quitado el viejo cerco que daba a una parte antigua de la construcción, el primer casco de la escuelita, alli el piso era de piedra partida, las columnas de hierro forjado y las paredes de tablas de madera oscura. Recorríamos cada rincón, asombrados, conectándonos con el pasado, que era un mundo nuevo, y para nosotros representaba las más inverosímiles posibilidades.
El sol se levantaba y entre aquellas piedras desparejas, algo brillaba, todos lo vimos, pero fue Luisito quien corriendo hasta allí,  se tiro de rodillas y en sus manos levantó una piedra resplandeciente, en mil facetas centellante con los rayos áureos, era sin lugar a dudas, como esas que llaman preciosas en las películas.
La campana que llamaba al salón, nos encontró soñando con fortunas y reconocimientos por venir, algunos de nosotros imaginábamos casas enormes para nuestras madres, autos lujosos para nuestros padres, viajes a la madre patria para nuestros abuelos y hasta hubo quien se animó a verse como novio de la maestra.
Casi sin esperar el sonido que anunciaba el segundo recreo, empezó la carrera hacia la mágica cantera, pronto todos estábamos buscando frenéticamente más tesoros. Al final del día, todos teníamos varios guijarros relucientes, algunos pequeños, otras como lágrimas, incluso había un compañero que había encontrado una tan grande como la palma de su mano.
A la salida, nos despedimos con la promesa de guardar el secreto y continuar la recolección Dios mediante, caminábamos anchos, satisfechos, con la frente en alto y los bolsillos abultados de minerales lujosos.
Claro, basto llegar a casa, para que aquel sueño de riquezas, casas, autos, viajes y novias actrices o maestras, terminara. Cada uno de nosotros siguió con atención las diversas explicaciones de nuestros padres, que nos contaban acerca de las cuentas brillosas pero sin valor que se usaban antiguamente para fabricar las viejas arañas.

Todos, profundamente desilusionados tiramos nuestro botín, todos, todos…Bueno, todos excepto Luisito, que siguió buscando y coleccionando esas piedras, Luisito…, el mismo que hoy es presidente  y accionario principal del banco mundial.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Deporte mundial

F
laco favor les habían hecho a los amantes del balón pie, las camarillas, los sindicatos de futbolistas y los mismos artífices del juego, tanta huelga, tanto farandulerismo, tanto capricho…hasta aquel fatídico campeonato del 2020 el famoso año de la pelota pinchada, una huelga brutal en la que no se jugó ni un partido de potrero. Fue entonces que las empresas, los mega medios y las cadenas decidieron instalar otro deporte de masas, y se dieron a la monumental tarea de hacer de la bolita con guantes “el” deporte mundial.
Surgieron equipos profesionales, jugadores bajo estrictos contratos, que literalemente pertenecían a las cadenas, entrenadores, opinologos, estrategas, toda un recambio.

Por otro lado todos los barrios tenían su bolillodromo, con diferentes opis, de libre entrada, donde adultos y niños se congregaban para jugar con sus punteras más brillantes.
Las escuelas, los trabajos, los clubes de barrio y hasta la iglesia se habían convertido en excusas para juntarse y hablar/opinar de la última partida y ¿porque no?, ensayar algún tirito.

En horario central, todos se habían convocado frente a las pantallas, incluso los automovilistas y todos aquellos que no tenían acceso a ellas, sintonizaban sus receptores para por lo menos escucharlo, hablaba al mundo, dando cátedra, el bolillologo especialista Washintong Sarlanga: -Eh, nosostro estamo bien. Queremo dar el 110% en el juego, vamo por la gloria!!! Este último juego será de vida o muerte, mientras tengamos la bolita y la hagamos rodar, el triunfo es posible. Tengo fe, somos un grupo humano fuerte, tenemos las mejores bolitas, tenemos guantes, sabemo jugar, los demás, los demás no existen!!!

martes, 6 de diciembre de 2016

El bar de los éxitos guardados

U
na brisa tibia acariciaba las caras sonrojadas, trayendo en su interior los aromas de las plantas que colgaban de los balcones, podía con cada refrescante inhalación sentir cada una de ellas.
Zigzagueaba el adoquinado, buscando resguardo a mi inmensa tristeza, la angustia me oprimía profundamente pecho.
Entre a ese bar donde el tiempo se había detenido hace años, pisos de madera crujientes bajo mi andar, un ventilador de techo que se resistía a su trabajo, todo un ambiente imbuido en un tango de melodía infinita.
En la barra tres figuras sombrías se mantenían inmóviles como sumergidos en aguas oscuras y desteñidas.
Me ubique  junto al primer  candidato, quien reponiéndose rápidamente, parecía volver a la vida invadido ahora de nuevos colores y palabras: -Había que verme corriendo la cancha, de extremo a extremo, no pifiaba un tiro, “Dale campeón! Dale campeón!!” me gritaba la hinchada, todos lo decían mi futuro estaba en alguna liga europea, incluso la albiceleste tendría mi nombre en la espalda junto al número cinco; pero ese día fatídico, se había escrito el PRODE de mi destino, un nudo aprisionaba mi aliento, lo sentí, lo sentí, muy adentro y cuando debí aguantar el tirón, cuando debí jugarme y patear ese tiro con el alma,  zozobre, me deje ganar por el miedo, perdí, perdí mi chance…Luego de esta última palabra los tintes del fulano parecían diluirse, volviendo al plomo mas opaco.
El gemido del fuelle seguía en el aire… y el ambiente nebuloso arremolinándose, me empujó hacia adelante.
El segundo parroquiano, que había permanecido quieto, como sin vida, empezaba ahora a moverse cuando todavía no me había sentado junto a él. Ni bien me acomode en el taburete, el otro hora  incoloro,  pasaba su camisa de un ocre,  al más vivido color rojo punzo. Pronto lo oía relatar acerca de sus carreras…-Eran otros tiempos, los autos eran bólidos de acero puro motor, rugiendo por los caminos de tierra, donde el calor te mantenía al borde del infierno. Había ganado carreras por todo el país, me reconocían y vivaban en cada pueblo, los colores de mi escuadra vestían a chicos y grandes. La fórmula mundial tenía un lugar reservado para quien lo supiera ganar, esa carrera, esa última  y condenada contienda… el aire ahogado en mi interior, la garganta seca, era la hora de la verdad, debía acelerar a fondo, a fondo y dejar que el viento me lleve en su corrida, pero no pude, levante el pie y perdí. Al instante se petrifico y los pigmentos parecían irse como barridos por un chorro de agua.
Otra vez la música en primer plano, otra vez la niebla y su embrujo…
El tercer tipo empezaba a totalizarse, y pronto me vi sentado a su lado, pitaba un cigarro fragante, mientras profería profundas bocanadas de humo.
Una lágrima como congelada, ahora se hacía liquida y le recorría la mejilla:
-Éramos uno, potro y hombre, no se distinguía donde terminaba uno y comenzaba otro, recorríamos los éxitos de cada galopeada, sentía la opresión…

No lo deje terminar, salte de mi sitio y apure el paso, mientras caminaba e iba rompiendo los lazos de la bruma que intentaban detenerme. Ahora lo entendía, era el ahogo, la opresión, el  aliento a cuenta gotas, el saberse morir un poco, antes de la encrucijada, ahora la reconocía bien, era la oportunidad de una vida,  no la dejaría pasar, debía ir a su encuentro, no me perdonaría llorar eternamente su ausencia…

martes, 27 de septiembre de 2016

El motero

V
ivía feliz y contento, con una alegría que contagiaba. No, no le habían dado ninguna noticia que sobresalga de lo común.  Pero sabía bien que cada día era un regalo, que cada momento valía una vida, no me pregunten como, pero lo sabía.
Iba a todos lados simulando conducir una moto, brum, brum, para aquí, brum, brum, para allá.  Se vestía, para la ocasión, pantalones ajustados en las piernas, campera de cuero gastado, pañuelo rojo en el cuello. Adoraba sentir el viento en la cara y a falta de moto real, optaba por imaginar una, y una bien ruidosa.

Algunos lo miraban de soslayo, incluso cuchicheaban tras él, lo trataban de tonto, de loco y hasta de estúpido. Y en rigor de verdad, él podía bastante loco, pero no comía vidrio y cuando le querían tomar el  pelo, aceleraba haciendo bramar el potente ficticio motor, con lo que supuestamente no podía escuchar palabra y terminaba por desanimar al más crítico y persistente interlocutor.
Un día salió del almacén de la esquina, había ido a hacerle los mandados a Don Tito, que después de la última operación había quedado algo tullido y no podía alejarse mucho de su casa. Paso por delante de un grupo de muchachones que lo miraban desde lejos, y cuando se subió a la moto, rompieron en carcajadas. Uno de ellosse adelantó y haciéndose el espabilado, lo cruzo diciendo: -Ey, vos, pibe. Si, vos, el de la moto. ¿No sabes que andar sin casco es una infracción? Te pueden meter preso por eso.
Parándose en seco, hizo como que ponía la muleta de la moto, se peinó de costado una quimérica larga cabellera, lo miro fijamente y le respondió: -Tenés razón, acá en mi brazo el casco no protege nada, mejor me lo pongo, total las chicas del barrio ya saben lo lindo que soy. Le guiño, un ojo, hizo la mueca de ponerse el casco y salió quemando cubiertas.

Quedaron todos sorprendidos, incluso más porque el motero se perdió en una nube de humo blanco con olor a caucho chamuscado...

domingo, 25 de septiembre de 2016

Precioso

Me había acostado temprano, quería llegar rápido al día de la entrega, se me hacía imposible dominar la ansiedad.
En las primeras horas, me levante varias veces al baño, como excusa para ver el reloj, lo miraba de costado como con desprecio, ya que parecía marchar más lentamente que lo habitual.
 Promediando la madrugada, me puse la bata encima y tome ubicación más cerca de la puerta principal, de cuando en cuando, miraba por la rejilla hacia el exterior, tratando de escudriñar la llegada del pedido.
Sentado en el sillón las luces callejeras cortadas por la persiana, iluminaban los minutos y las horas de esa espera angustiosa, que de a ratos tomaba respiros en un sueño intranquilo.
Fue a eso de las nueve de la mañana cuando el sol refulgía por los intersticios, que el timbre resonó, no podía acertar con la llave correcta en la cerradura, y hasta se me cayó varias veces.
El despachante traía una pequeña cajita forrada con papel madera, no recuerdo como llego a mis manos, quizás se lo arrebate, no recuerdo tampoco  haber firmado los papeles de uso, lo cierto es que me encontraba ahora sobre la mesita del estar, inseguro sobre cortar o romper el envoltorio.
¿Qué importancia tendría mantener en condiciones el cobertor y la caja? Después de todo, quizás esto me quite tiempo de dedicarle a mi nuevo aparato.
Por cierto, había olvidado por completo que había faltado al trabajo, ya era tarde para cualquier cosa, incluso para pretender un refriado o cualquier indisposición temporal.
No importaba nada, ahora lo tenía, lo observaba de cerca, desde varios perfiles y no podía dejar de sucumbir ante la perfección de sus líneas. Tenía que empezar la carga de la batería, ocho horas seguidas por lo menos, era lo recomendable para extender su duración y si fuera por mí, quería que dure para siempre.
Me esforzaba por no ceder a mis deseos de verlo encendido y permanecí inmutable durante todo el tiempo de preparación.
Ay!!! Cuantas horas y mis extremidades se habían acalambrado, la posición penitente hacia el hermoso aparato había entumecido mis rodillas. De a ratos apoyaba suavemente la cabeza en mi antebrazo poniéndome a centímetros de su perfectamente negra pantalla y me permita algún entresueño, algún lento y suave suspiro.
Por fin “carga completa”, pero no sabía si era conveniente empezar a usarlo así, sin funda, sin protector de pantalla, era un riesgo inmenso, ¿y si se caía?, peor aún, ¿y si se rayaba? Me era difícil pensar en cosa peor, en castigo más grande de parte de la providencia. Tenía miedo, un sudor frió empezó a ganar lugar en mi entrecejo.
Los minutos pasaban y no podía decidirme, la caja junto a manuales y cables que no eran esenciales yacía retorcida en el cesto de basura, habían perecido para no solazar al ahora protagonista principal de mis días. Tampoco podía empezar a usarlo sin correr un riesgo mortal, apretaba los dientes, iracundo.
Tome, una bocanada de aire, me concentre, me prepare apretando mi mano antes fuertemente, y lo tome, lo agarre suave pero firmemente entre mis dedos.
Ahora, si, la emoción era suprema, sin exagerar creo poder haber derramado alguna lágrima, que de seguro censure para no manchar la pantalla.
Encendio luego de varios minutos, e inicio el proceso de personalización, para saber todo de mi, para conocerme mejor que nadie, para guardar mi perfil, todo lo que soy, lo que quiero ser; para hacer mi vida más fácil, no me cabe en la cabeza como había hecho hasta ahora para vivir sin él.
A partir de ahora, me iría a dormir con su música, tendría a la mano la música, toda la música, pasaría horas tratando de decidirme, y a veces no podría hacerlo… ¿que escuchar? Por suerte, ahora me conocía bien, podría sin duda elegir por mi...
Podría contestar todos los correos, mensajes, crear grupos, hacer llamadas, si llamadas; llamar, llamar a todos. Podría instalar cuantas aplicaciones se me ocurran y actualizarlas sin pagar un centavo, solo necesitaría tiempo, pero ¿Qué vale el tiempo?…
Podría tener miles, que digo miles, millones de libros a mi disposición, no me alcanzarían las horas del día para leerlos a todos, pero podre tenerlos, seguramente los tenga, los guarde para mas adelante, para cuando pueda tener un rato, ahora, ¿ por cual empezar…?
Me levantaría con su alarma, apenas unas horas después de haberlo dejado bajo la almohada, lo arroparía conmigo, y dormiría conectado hasta en mis sueños. Podría llevarlo a la ducha pues era resistente al agua, y escuchar las noticias matutinas, incluso podría poder ver el clima y decidir que ropa ponerme, ya nunca mas me sorprendería el sol, ni la lluvia, ni siquiera el viento; si, ahora era más poderoso que el viento…
En el desayuno enviaría adelantaría trabajo, programaría reuniones, contestaría preguntas, participaría en foros, redes sociales…
Ah, pasar horas conectado a redes, mirando fotos y videos de otros, que exponen sus grandes miserias, sus pequeñas alegrías, yo también tengo para exponerme, para que me miren, para mostrarme.
Podre participar de campañas y petitorios, por la justicia, por el bien común, podre ser un ciber militante.
Podre escaparme a un lugar en el que nadie podrá entrar, podre recorrer lugares simulados, sin ver importarme ni nada de lo que me rodea…
Si!, podre comunicarme diariamente con amigos y familiares que no veía hace años, pero que ahora serán tan cercanos…
Tendré acceso a toda la información disponible, todos los conocimientos de la humanidad estar alcance de mi mano, sin esfuerzo, podre saber de todo, sin estudiar nada, podre opinar y opinar, no solo opinar también podre condenar…
La vibración, esa vibración, era como si el aparato no quisiera estar en mis manos, estaba ahora como perdido en mis pensamientos.
Mi rostro se endureció, apretaba los labios, abrí nerviosamente las manos y cerré los ojos mientras escuchaba el precioso aparato destrozándose contra el piso.



viernes, 2 de septiembre de 2016

El Santo

T
ipo común, de cuarenta y tantos, sin sobresaltos, cansado, quizás un poco se había echado al abandonado. No intentaba resistir, medio que se había dejado ganar. Hacia lo que se esperaba de él, todo sin chistar, mas aquellas fantasías de cambiar al mundo y hacerlo un lugar mejor habían quedado relegadas por los años…
Mientras el descreía, un ser omnipresente  lo observaba a la distancia, eternamente sabio y confiado en la humanidad, mascullaba en la soledad del poder una lección esclarecedora, hacia como dos mil y pico de años que salvo algún zarandeo, dejaba a la humanidad en el más libre de los albedríos.
Fue así que aquel día, mientras sorbía ese primer mate de la mañana, y sintió caer sobre sus cienes el peso de un mundo, no percibió dolor, sino agobio, clamores en cientos de lenguas retumbaban en sus oídos, sus ojos se nublaban por las lágrimas que brotaban efusivamente.
Se dirigió presuroso al lavado, y levantando la vista, casi se desploma al ver en el espejo el flamante halo refulgente que aparecía sobre su cuerpo.
Aturdido, dio un paso atrás, y choco con la pared, tenía la boca tan abierta que casi se  ahogaba con tanto aire y las preguntas que surgían a montones; sintió como de repente sujetaba un manual de instrucciones en su mano izquierda.
Se dio presurosamente a la lectura del pequeño libro, no tenía muchas páginas,  eso sí, era profuso en dibujos. Como se lo temía, el referido halo era el corolario de su inminente santificación, cuestión que podría parecer virtuosa, mas analizando fríamente la situación tenía más contras que pros.
Eso no era todo, sino más bien era el comienzo, a medida que avanzara con su sacro camino iría adquiriendo  las características propias de su condición angelical.
Además, también había restricciones, como por ejemplo: no podía develar su condición de santo a nadie, por lo que su primera iniciativa de burlarse de todos sus conocidos se iba por el desagüe. Tampoco podía hacer milagros y/o maravillas en beneficio de sí mismo, ni para familiares directos, tacho la doble por lo previsible del impedimento. Por ultimo no podía obtener tampoco ningún rédito, coima, soborno por su accionar apostólico, con lo que se cancelaba su última posibilidad de poder sacar algo bueno de tal embrollo.
Con los días, trato de digerir su suerte, más se le atragantaba como gofio, ya que a pesar de que buscaba y buscaba, no había cláusula de caducidad o anulación en aquel impuesto contrato.
Su principal pensamiento estaba puesto en encontrar la forma  de quitarse la beatitud. Daba largos paseos y caminaba, en la soledad de la invisibilidad,  descartando una a una, las opciones más inverosímiles.

Primer acto:
Sentado en un banco de la plaza central, tuvo la intención de ponerle la traba a esa viejita que estaba a punto de cruzar la calle, con un pique corto y veloz la intercepto, al principio temía ser demasiado enérgico, pero debía volver a su normalidad y barriéndola cual defensor de ascenso, la pobre centenaria cayó sobre él, mas su halo protector se comportó como una suave almohada, y la anciana quedo inmaculada,  salvándose al tiempo de ser arrollada por ese colectivo sin control que terminaba su recorrido sobre un viejo álamo. Milagro uno. Sus pantalones de tela azul se convirtieron en una túnica de un blanco luminoso.

Segundo acto:
Murmurando entre dientes, se levantó y sacudió Protestaba por su mala suerte, como de una maldad tan grande podía darse una acto tan altruista. Caminaba ahora meditando todo esto para sus adentros, pateaba piedras sin dirección, hasta que una de ellas se proyectó directamente sobre la cabeza de una malhechor que sostenía amenazante un arma exigiéndole el bolso a una dama, cayo redondo. Milagro dos. Un áureo aro se colocó sobre su cabeza como un faro lumínico que alumbraba todo.

Tercer acto:
El mundo se encontraba en su contra, trato de vociferar las más suculentas palabrotas, mas solo salían de sus labios armoniosas melodías románticas.
 En una ventana cercana, sacaba afuera medio cuero una hermosa señorita, gritando y llorando, pues tras ella aparecían amenazadoras llamas. Nunca había visto pelo más largo, rostro más bello, curvas tan proporcionadas. Lamento no tener alas para ayudarla. Milagro tres. Obraba bien, ahora de pensamientos, logrando plumíferas extremidades.

Al recibir ese beso de agradecimiento se sonrojo, paso sus manos por la pequeña cintura, y la acurruco entre sus alas, sonriendo de costado, pensó: después de todo, no estaba tan mal ser “El santo”

Es palabra de…


lunes, 29 de agosto de 2016

Superhéroe de capa roja cuadrille

Tiempos aciagos aquellos, se dejaba atrás la épica futbolera del mundial México ’86, y aprovechando el fagote, se sucedían incidentes extraños en la monótona cotidianeidad de un barrio demasiado al sur del gran Buenos Aires.
El micifuz de la Sra. Sayago, hacía varios días que no frecuentaba las casas de techos bajos en la calle Serrano, todos lo sabían, bien pues la chapas se mantenían silenciosas, sin ese repiqueteo característico de aquel felino galán.
Del fondo de los Airaldi, habían vaciado la soga de colgar y todas las prendas íntimas de la Señora, habían desaparecido. Por último y lo más preocúpate, los corrillos de esquina no dejaban de llevar y traer chimentos sobre la vuelta del hombre gato, el almacén del barrio parecía más una rueda de prensa que una despensa de enseres.
A la hora del ocaso, las persianas se cerraban presurosas, y se aseguraban las puertas con pesadas trancas, era difícil vivir así…
Se necesitaba un sacrificio, un vigilante, un héroe, un alma altruista, desinteresada, brava, intrépida, que no tema hacerle frente a tamaño peligro, eso, eso mismo el fin de las penurias. Más a falta de pan, buenas son las tortas, dice el dicho popular… y en este caso era cuestión de conformarse con el Danielito, joven inquieto y desasosegado que vivía a unas cuadras de los hechos, pero se pasaba las tardes en la calle de tierra frente a los Aceto-Ferreyra.

Nuestro turbado paladín, se dedicaba a subir a la terraza de su tía, y desde allí intimidar a cuanto malhechor transeúnte que pasara por el barrio, el plan era sencillo, amedrentar, disuadir, soliviantar a cualquier atarantado que se le ocurra hacer campo de sus fechorías a aquella tranquila  y periférica comunidad.
Para esto no hacía uso de arma alguna, su mamarrachesca facha era más que suficiente, para mantener al hampa a raya: remera cuello en v pegada al cuerpo que si no fuera por su prominente panza llamaría a la reverencia de unos bíceps bastante abultados, short de piqué celeste cortito y pegado al cuerpo, que dibujaba formas con las que las niñas de la cuadra deliraban, unas medias de toalla rojas, levantadas hasta las rodillas semejaban botas de cuero anglosajonas, por último y lo más importante, la capa cuadrille, de un rojo desteñido flameando con la brisa, completaba esa majestuosa postal.

Nadie supo nunca de la eficacia del filántropo, algunos incluso se dieron el lujo de tomarlo a la chacota, otras hasta se rieron abiertamente, mas tampoco se supo de otro ilícito, no mientras de la mesa de la abuela, faltara aquel rojo y desteñido mantel rojo cuadrille.

miércoles, 27 de julio de 2016

The Fisherman

El viaje se había arreglado sobre el pucho, por lo que ni bien hubo empezado el fin de semana, se acomodaron los bártulos en la caja de madera del utilitario, se sentaron los pescadores en el butacón único, el hábil piloto giro al punto dos la palanca de contacto, luego la del pre calentador, segundos después, un hilo de humo grisáceo precedió un rojo profundo que venía de los agujeros del indicador en el centro del tablero, y como un tractor arranco la rastrojero Diesel, sin duda orgullo ingenieril Nacional.


Hoy el camino que une el sur del conurbano bonaerense con la localidad de General Belgrano a orillas del Rio salado, se recorre en no más de una hora, mas por aquel entonces el viaje tenía otra mística, pues el repiquetear y las vibraciones del tractorcito se sentían en las tripas, y los pequeños parabrisas, apenas mostraban en la noche, la ruta que iban develando los proyectores incandescentes.
El olor al verde húmedo del follaje, se metía por la nariz con el aire puro de la madrugada, a veces cortado por un aroma ácido  del orín de  algún zorrino, otras por el perfume de un negro dulce que se pitaba de cuando en cuando.
Y así, pasadas un par de horas de la medianoche, llegaban las tres generaciones de bravos, que venían a las orillas del vigoroso curso de agua a iniciar en las labores al más joven de ellos.
Hablando del más joven, hacia un rato que roncaba, se había arrebujado en el costado de su abuelo el “Mereco”, una vez que había promediado itinerario, por lo que sus recuerdos hoy día se entrelazan con las nieblas del tiempo.
Armada la carpa, fue el padre y piloto, mientras el viejo empezaba las tratativas con su poderosa tacuara, quien con paciencia ayudo al novel en el armado de su equipo nuevo, encarnado y voleando el plomo, alojándolo luego en el posa caña.

Permítaseme un discurrir al punto, pues el referido equipo era más bien uno pensado para pequeños pejerreyes, antes que  escualos de gran porte.

No vaya creer que aquel aspirante carecía de interés; más la práctica de la redada, tenía mucho de arte en donde la paciencia era sin dudas la materia prima; y después de tanta mansedumbre, de tal eufórico recorrido y al reflejo del satélite terrestre, el aprendiz le contesto con resuellos, cabeceos y otra vez ronquidos.
Mientras los pescadores cumplían su tarea con buen rendimiento, el dormía a pata suelta, y ya ni siquiera sentado, sino que se había desparramado en la carpa tapado con varias mantas.


Rayando el amanecer, y al ver que el cebo del equipo del novato solo se había mojado y no había sido objeto de atención de ni si quiera un helecho de rio; el viejo manoteo presuroso una de sus capturas de la red y lo engancho del anzuelo soltándolo inmediatamente al agua.
El primerizo asomo la cabeza, despegando de a uno los ojos, ante los llamados de los otros dos, que le anunciaban el tironeo. No daba crédito a que algún pez haya querido tentarse y ahora este atrapado a su merced. Mientras recogía seguía las indicaciones que le iban marcando sus mentores y pronto tuvo a su pescado, era un bigotudo bagre de mediano tamaño, que a relato de pescador podría tranquilamente llegar a los 5 kilogramos de peso.
Exhalo con fuerza, dejando caer las tensiones con las que se había trenzado en la batalla, alzo la cabeza con esa suficiencia de la tarea cumplida, miro al horizonte, echo manos a la cintura y con voz de mando dijo: - Vos, papa, hacete cargo del peje, que yo, yo tengo que descansar…


Fin.-

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Percepciones

Haec ego non scribo, sed tibi: satis enim magnum alter alteri theatrum sumus
(Epicuro, citado por Séneca)

No estoy seguro de que no haya estado mirándome previamente, en el anden de la estación, quizás incluso antes. Ahora que lo pienso podría haberme estado siguiendo desde que salí de casa; tengo tantas cosas en la cabeza, que a veces no presto atención…
Generalmente evito sentarme, el tren va atestado de gente, y así sería un blanco fácil para los roces y empujones, parece como que quien esta parado, se siente con derecho de transmitir de alguna forma su sufrimiento. Mi posición es definitivamente el rincón, allí aunque más cerca de algunos, es la ubicación mas alejada de la mayoría.
Llegando a la estación de Burzaco empecé a sentir esa mirada acida en el cuello, venia de aquel tipo con rostro cetrino, y olor fuerte a transpiración que tenia a apenas unos metros.
Su mirada me recorría y no hacia ningún esfuerzo por ocultarlo, quizás fuera algún tipo de extranjero degenerado. Apenas podía soportarlo. Asco, asco y rechazo.
Las ventanas permanecían cerradas, conducta coherente con la época invernal que dejábamos atrás. El ventilador se movía muy lentamente, parecía en cámara lenta.
Quizás ese olor, si quizás sus poros eliminaban profusamente el sobrante de aquel vino barato que consumía junto con sus congéneres, que hastío.
Cerca de  la estación Avellaneda, no aguante más, tuve que bajar, harto de esta miseria.


Lo había visto desde que entre en el vagón, parecía tan fresco y despreocupado. Trate de no mirarlo pero su camisa era tan blanca, parecía tan delicada, tan suave. En cambio estas ropas de tela gruesa y rustica me lijaba la piel, pareciera quemarme, pegarse, quizás si me la quitara ahora, arrancaría algún pedazo de dermis.
Luego lo vi incomodo, cansado, hastiado. Pobre infeliz. ¿Cómo no se daba cuenta de esa mancha de sangre en el inmaculado blanco? Era casi imperdonable, y cautivante a la vez, no podía resistirme.
Cruzamos miradas varias veces, este tipo parecía tener algún tipo de interés sexual en mí, no era extraño en estos citadinos.
Unas cuantas estaciones antes de la terminal, baje junto a él, no podía de ningún modo rechazar tamaña propuesta.

viernes, 14 de agosto de 2015

Made in Dios

La cantera de piedras tenia hace semanas un nuevo atractivo, para los turistas era pintoresco, para los habitantes del lugar, la presencia resultaba al menos inquietante.
Un hombre forastero, de unos cuarenta años, con buen equipo se había instalado al pie de la inmensa roca. Al principio todos creyeron que haría allí base, para luego intentar el ascenso, lo que era raro, ya  que nadie acampaba en ese lugar, aunque con estos advenedizos nunca se sabe. La hipótesis inicial caía con el transcurso de los días,  ya había pasado mas de un mes y lo único que veían hacer al orate era una especie de rutina que auspiciaba mas sospechas aun.

Se tejían sobre el particular las mas intrincadas e inverosímiles conjeturas. Lo cierto es que con los primeros rayos matutinos, se sentaba de espaldas a la luz, en un pequeño banquito de madera y una a una revisaba cuidadosamente las piedras de corte natural. El trabajo se suspendía solo para tomar el almuerzo, y no paraba hasta que la luz se iba.
Nadie se animaba a hacer lo mas apropiado y sencillo, preguntarle en forma clara y concisa ¿Qué estaba buscando?, hasta que una niñita que venia acompañada por sus padres, con gran inocencia se acerco al misterioso hombre, lo miro directo a los ojos y le pregunto: -¿Qué haces?.
Todas las personas del entorno guardaron silencio y se mantuvieron expectantes a la respuesta.

Le devolvió la mirada y se perdió en la pureza de esos grandes ojos marrones, se arrodillo para acercársele, se quito el sombrero y le mostro una etiqueta. –Ves, le dijo. –Esto ha sido hecho en mi país, y por eso lleva esta marca. Podía leerse “Made in USA”. –No entiendo, ¿Qué tiene que ver tu gorro con las piedras?
El extranjero sonrió y le dijo: - Pues eso mismo, mi niña, si quien hizo esta simple prenda puso su marca en ella, no seria nada ridículo pensar, que quien hizo estas inmensidades también las haya firmado…
Rieron juntos, y ante un publico que no salía de su asombro, se dieron a proseguir la búsqueda.

sábado, 1 de agosto de 2015

La luz mala

Se dice que hace muchos años, en un pueblo del interior del país, que pasaría inadvertido si no tendría como rasgo distintivo, ser la capital nacional de la pelota de cuero, se sucedieron los hechos que hoy en día se mantienen ocultos bajo las llaves oficiales mas seguras, que impiden al publico general conocer la verdad.
Nosotros hemos tenido la fortuna de acceder a los relatos de primera mano que compartimos en esta crónica, con el único objeto de informar a la población.
Bellville, ciudad y municipio cabecera del departamento Unión, en el sudeste de la provincia Argentina de Córdoba, con sus 35000 habitantes, tiene la estructura de otros tantos pueblos del interior, plaza central, rodeada por la iglesia, la comisaria, el correo, la vieja almacén.
Del otro lado de las vías, como corresponde, la estación de servicios, sobre la ruta Nacional 9, en el cruce con la ruta provincial 3, oficiaba de faro en la intensa oscuridad de esas cálidas noches, propias de una época veraniega que toca su fin.
Minutos pasada la medianoche, el silencio se deslizo por cada rincón de aquel lugar, parecía arrastrarse como niebla desde la cinta asfáltica, apoderándose de todo a su paso.
La oscuridad, se había profundizado a tal punto que las luces de las estrellas, de pequeños puntos de luz habían tornado en soles lejanos refulgentes.
El despachante quedo paralizado con el trapeador en la mano mirando una luz naranja que se acercaba desde el cenit, y se hacia cada vez mas concentrada, opacando a todas los focos linderos.
Cuando pudo fijar la mirada obteniendo la correcta obturación de la cornea, pudo observo la forma ovalada de aquel objeto volador. Giraba  a gran velocidad con eje en el chorro resplandeciente.
Los estertores del joven lo sacaban de una posición casi catatónica, su corazón estaba apunto de parar, cuando de  pronto una voz de eco profundo, se oyó desde el interior del aparato: -Teney GNC???

domingo, 19 de julio de 2015

La leyenda de la chatarra 514

En Loma verde, las tardes eran apacibles, sobre todo en el tiempo que transcurría entre la salida del colegio y la hora que antecede al ocaso, ya que la calle, mientras los adultos dormían la siesta, era nuestra.
Por lo general los chicos del barrio salían en grupo a bicicletear, recorrían las calles como patrullas montadas, construyendo las historias más inverosímiles.
Yo no era nuevo en el lugar, más la ubicación de mi casa, relativamente lejos de los demás, me mantenía por una ley tacita fuera del colectivo. Ademas, no tenia bicicleta, cosa que era absolutamente necesaria para patrullar.
Fue ese indómito dia de noviembre, en el que se me ocurrio perdirle a mi madre prestado su vehículo, distaba mucho de ser un lujo, pero en aquel momento, no cualquiera podía tenerla y para ella era comparable al mejor auto deportivo.
Sali pedaleando, lentamente, acostumbrándome al aparato, sentí los frenos, el manubrio, practique algún truco, como el de intentar levantar la rueda delantera, luego la trasera, y asi.
Pronto estuve presto para concurrir al encuentro, sabia que la escuadra estaba haciendo base frente a la almacen de la esquina, ya que el calor era abrumador y entre recorrido y recorrido, se estilaba parar para jugar un rato a la bolita.
Un   pedal arriba otro abajo  haciendo girar la rueda, escuchando el ruido del piñón, soñando con una moto de gran cilindrada, llegué frente al grupo con un aire de señor inglés, levanté la cabeza como saludando. En ese momento sobre el punto, me salió al cruce  un gordito retacon de anteojos de carey color negro, y con torno sobrador dijo: -Miren a este..., torciendo apenas la boca, -Con la cacharra 514...(Haciendo seguramente referencia a los colectivos de la linea 514, de provervial estado de destruccion, seguramente por el recorrido que hacian a diario) Los demás estallaron en risas.
Yo apurado por la situacion conteste, -¿Que hay conmigo? Cuatro ojos 513...(Insulto casi sin sentido, pero que provino de mis entrañas, por lo que sono muy agresivo).
Mientras sus rechonchos cachetes se tornaban rojos como el fuego y sus ojos parecian reventar inyectados en sangre, comprendi inmediatamente que era el momento de, literalmente "tomarme el raje", y mas rapido que un bombero apurado sali a todo pedalear.
Acto seguido salieron tras de mi una carabana de perseguidores, quienes al parecer, no estaban dispuestos a dejar que cualquier fulano le faltara el respeto a su anteojudo lider, y menos aun uno montado en tan estratosferico cambalache.
En las rectas, acortaban distancia, mas las curvas podria decirse eran mi especialidad, giraba como el  que mas y me adelantaba nuevamente. Ademas, las ruedas gruesas de la bicicleta de mujer que conducia, hacian diferencia en las calles de tierra con sendos pozos, contra las posibilidades de las ruedas finitas de las bicis media carrera.
Giro, recta, giro, pozos,  la persecucion se hacia eterna, otra vez recta y ya casi me alcanzaban, giro y ...
El Charly era el chapista del barrio, tenia una mano bastante buena para su profesion, poco o nada reconocida ya que no tenia gran cantidad de clientela. Ademas trabajaba en su casa, por lo que no disponia del lugar suficiente para trabajar en varios autos a la vez, por lo general, utilizaba la vereda y hasta media calle de tierra para ubicar los vehiculos que iba terminando o a los que les debia dar los ultimos toques.
Ese dia, se encontraba trabajando en el Fiat 1500 de un vecino bastante carcaman, de un verde esperanza, que luego de su artesano tratamiento, refulgia en brillos con los rayos de un sol veraniego.
Que mala pata!!!, ubicar esa hermosa pieza de tecnologia, casi restaurado en el circuito de escape que el destino me habia trazado. En mi defensa solo dire, que mi habilidad para los giros cerrados, fue mi perdicion, termine incrustando el rodado de mi madre en la puerta trasera de aquel coleccionable sedan italiano, volando con toda mi humanidad sobre el con la delicadeza propia de un cisne cascoteado.
De lo que vendria despues solo tengo imagenes sin fluidez, pero recuerdo que la rueda delantera se habia trabado, por lo que debi llebar en andas el destruido transporte. Los demas chicos habian desaparecido presurosamente, envueltos en el miedo que les prometia su participacion necesaria en aquel desastre.
Arrastraba aquel peso, mirando una y otra vez hacia los costados, hacia atras, esperando ser seguido por toda la policia almenos.
Nadie me siguio, claro no hacia falta, todos los vecinos me conocian por otras aventuras igulamente ridiculas, que no vale la pena citar en este recuerdo. Ademas, como para confirmar lo profundo del ensañamiento que el destino tenia contra mi persona, el lugar del impacto era lindero a la casa de mi tio.
Permaneci escondido un buen rato en un pasillo de mi vieja casa de madera, mientras mi padre que habia llegado recien de trabajar, salia a la verdeda a atender a toda la comitiva, dueño, Charly, vecinos y algun que otro curioso. Imaginense la escena, cansado, con calor, despues de haber pasado todo el dia trabajando, se enteraba de mi raid delictivo de escape y de su abrupto final.
Como siempre, el si que sabia solucionar las cosas, por suerte de paso enseñandome como, de frente y con la verdad, esa es la magia. En un rato todos marchaban de vuelta a su casa, conformes con el arreglo.
Cuando hubo terminado las negociaciones, se acerco, asomo la cabeza en aquel lugubre pasillo y me encontro temblando de frio, miedo y medio adolorido todavia.
Con un guiño complice me dijo, -¿Estas bien?, ¿Por que no revisamos esa cabeza y despues arreglamos la bici de mami, antes que se de cuenta?
Los golpes y raspaduras resultaron no ser de cuidado, y con las habilidades de mi viejo, ni la propia dueña pudo notar los arreglos. Luego fue tiempo de de las disculpas y el hacerse cargo de la macana, ya que es asi como crecemos haciendo frente a los errores aunque todo se vuelva oscuro.
Ese dia me di cuenta de que en casa, tenia mi mejor amigo, un compinche especial que siempre estaria a mi lado. Ademas, con sus consejos gane respeto en el barrio por mi valentia, lo que mas tarde me permitio tener muchos amigos de esos que nunca mas se olvidan.
Por fin logre unirme a las patrullas, ya que no solo habia ganado mi lugar en sus filas, sino que ahora era parte de una leyenda que se contaba en cada esquina, la leyenda de la chatarra 514 y su jinete volador.
Fin.-

lunes, 13 de julio de 2015

Gelido despertar

Apenas entrecerró los parpados, el gélido viento le susurro al oído aquella vieja canción. Esa melodía que otrora acompañara el suave crepitar de los leños abrazados por las llamas. Ya casi no podía sentir el calor. 
Trato de arroparse para que le frio que empezaba a penetrar su vieja osamenta se mantuviera a raya, mas no lo conseguía, estaba empecinado en recordar. 
Frotándose las manos, intento sentir el deleite por la danza aromática de aquella taza de café, mas solo era dueño del vacío.

Se dio vuelta, ahora con su rostro endurecido por el frio, a un palmo de la helada pared de la que chorreaba la condensación de fluidos inmundos, se esforzaba por sentir esa ultima lagrima recorriendo su mejilla.
Otra vez, trato de arroparse, mas ese trozo de cartón no lo cubría del todo, esa dura vereda, esa sucia pared, ese nauseabundo olor, no se resignaban a dejarlo soñar para salir de su triste e injusta realidad.

martes, 30 de junio de 2015

Rocinante

Había gastado todas las monedas que  podía permitirse en ese cuadrúpedo borrico, y aunque lo miraba con esa ternura que proviene del corazón, no dejaba de ver esa bestia desgarbada y zafia.
Nada importaba, todo era parte de su maquiavélico plan. De noche, cuando la miradas furtivas de la vecindad se entregaban al sueño, el y sus baldes de pintura harían la magia. Pincelada a pincelada transformo al zopenco en su rayado  deseo. Disfruto creando su obra, porque no, su Frankenstein.
No daba crédito a sus ojos, la imagen lo dejaba sin aliento y mientras una lagrima de felicidad recorría aun su fría mejilla, recibió ese coz en las nalgas que le recordó, que el burro aunque se vista de cebra, burro queda.

Chin-pun!

jueves, 21 de mayo de 2015

NK

E
ran casi las cinco de la tarde, miraba su reloj nervioshamente. En la parada daba pitadas fuertes y rápidas a su cigarro, mientras iba de un lado a otro bajo la garita, empapelada de posters con la frase ¡¡¡Néstor vive!!!
Por fin desde la esquina vio venir el vetusto colectivo de barrio que hacia el recorrido k, por la calle Kukurucho y lo dejaba, según le habían dicho, cerca de la estación de trenes, que hace poco habían rebautizado con el nombre del prócer.
El viaje fue demasiado corto, tanto que no le dio tiempo a pensar en nada, sus ojos se clavaban en el muñequito de Néstor con la cabecita loca que el chofer llevaba en el torpedo.
Bajo por la escalerilla trasera y cruzo a calle, sin esperar siquiera a orientarse, salió al cruce del primer transeúnte que vio.

Un viejo medio manso que caminaba desgarbado por la tarde otoñal. –Disculpe ameeego, ¿para ir a la estación Néstor Kukurucho? Quiero tomar el tren hasta capital, hoy se inaugura el centro cultural Néstor Kukurucho.
-Ah, bueno, esta medio trasmano eh… Dijo el sexagenario. – Siga caminando por esta callecita, unas 4 cuadras ahí nomás va a ver una avenida, esa es la Néstor Kukurucho, doble nomas en esa a la derecha. De ahí, son dos cuadras hasta el monolito a Néstor, el “sanador”. Cuando llegue, solo tiene que cruzar la calle y frente la iglesia Néstor el “magnánimo”, va a encontrar la estación de trenes Néstor Kukurucho.
-¡Uy! ¡Qué lejos! pensé que la línea K del colectivo me dejaba cerca, así no voy a llegar a la inauguración.
-¿La del centro cultural?
–Sí, sí, esa misma.
-Ah, pero aquí en la plaza Néstor Kukurucho, van a poner una pantalla gigante y transmitir en vivo el evento.
- Ya me estoy cruzando, gracias maistro.

Mientras el joven se incorporaba al trote a la multitud militante, el viejo seguía su camino pensando en años más felices, donde la gente iba donde quería.

jueves, 5 de marzo de 2015

Soliloquĭum

-Espera, espera te digo. ¿Acaso no vez que me estoy terminando de cambiar?
-Sí, ya sé que estamos apurados, pero no puedo salir el calzones. –Nos hubiésemos levantado antes, pero vos no, siempre cinco minutitos más y acá tenés, una hora de retraso.
-Ni siquiera tuve oportunidad, sabes bien que durante el día no pudo, no me gusta el baño de la oficina.
-Esto es un mal augurio de seguro, justo hoy que tengo la reunión de personal.-Además debo entrevistar a ese tipejo, si ese que se da aires de no sé qué, es solo un enano engreído.
-No, amí no me importa, no doy cuentas del horario al que llego, pero me da bronca. – Aparte, si ayer no te hubieses enredado en esa película de cuarta. –Si de cuarta, no me vengas con que es cine con influencias de la Nouvelle Vague, una estetización de la violencia, los chorros de sangre todavía corren por la pantalla… -Sí,yo me calmo, pero por una vez, te pido que me tomes en serio. –No estoy dispuesto a acelerar de mas esta vez. – Mira, si casi no puedo ni sorber el café, se volcó y casi mancho el pantalón nuevo. -Tomapor la autopista te digo, es mejor. -Sí, hay que pagar peaje, no tengo tarjetita.-Mira ese imbécil como se cruza, ¡¡¡animal!!                    
                                  -Viste amor, como va ese loco, gritando, vociferando, todo mundo apurado. Es mas parece estar hablando solo...

lunes, 23 de febrero de 2015

La mano insubordinada

P
or lo común comenzamos el día atendiendo a la rutina, sin percatarnos de lo afortunados que somos de que todo esté en su sitio y funcione sin contratiempos. En las cosas simples uno no espera, ni desea cambio ni revoluciones, solo monotonía.
Pues bien, cuando más necesitaba ese acorde devenir de lo conocido, ese día en que su futuro laboral pendía de un hilo, ese día en que había planeado declarársele, ese preciso día, ella si ella, fue la musa de la discordia. Se había levantado con ansias de sobresalir, de convertirse en estrella, de ser el centro de atención.
Por su puesto que las actividades normales estaban descartadas, incluso las más necesarias y escatológicas, la siniestra no solo se negó a colaborar con el baño diario, sino que desistió de una obligación que la tenía junto con el papel higiénico como irremplazable.
Sin asearse, con la cara cortada, desarreglado hubo de dirigirse a su trabajo, peleando nunca mejor dicho a brazo partido para lograr  y transitar el camino sin accidentes y relativamente a horario.
Llego a la oficina una vez que la reunión tenia algunos minutos de iniciada y se llevó puesta esa mirada de soslayo y reprobación de su jefa y sus compañeros.
Pero no todo era tan malo, no hasta el momento donde se distribuirían trabajos y obligaciones para el año. Otra vez el protagonismo, ella no dejaba de levantarse, contrayendo todo tipio de actividades, incluso fuera del horario laboral. Dio gracias que hubiera concluido el asunto sin tener que arrodillarse diariamente para saludar a toda la línea jerárquica.
Casi abatido, para media mañana era un estropajo que se fregaba por las paredes de los pasillos, tratando de evitar más infortunios provocados por la mañosa extremidad, recorría el piso de la oficina por lugares intransitados.
Se acercaba el medio día, y con el almuerzo, que podía cambiar el resto de su vida, estaba seguro de que ella no claudicaría hasta arruinar por completo el momento.

Cavilando en estos pensamientos hizo foco en aquella caja roja en el  pasillo, si esa junto a la toma y  la manguera de incendios. Vio la herramienta tras el cristal y en el resplandor de su filo, supo que se encontraba la solución, ya no había opción, la insubordinación no terminaría, emprendió entonces una drástica separación.