Apenas entrecerró los parpados, el gélido viento le susurro al oído aquella vieja canción. Esa melodía que otrora acompañara el suave crepitar de los leños abrazados por las llamas. Ya casi no podía sentir el calor.
Trato de arroparse para que le frio que empezaba a penetrar su vieja osamenta se mantuviera a raya, mas no lo conseguía, estaba empecinado en recordar.
Frotándose las manos, intento sentir el deleite por la danza aromática de aquella taza de café, mas solo era dueño del vacío.
Se dio vuelta, ahora con su rostro endurecido por el frio, a un palmo de la helada pared de la que chorreaba la condensación de fluidos inmundos, se esforzaba por sentir esa ultima lagrima recorriendo su mejilla.
Otra vez, trato de arroparse, mas ese trozo de cartón no lo cubría del todo, esa dura vereda, esa sucia pared, ese nauseabundo olor, no se resignaban a dejarlo soñar para salir de su triste e injusta realidad.
Presentación:
« Las palabras con las que nombramos lo que somos, lo que hacemos, lo que pensamos, lo que percibimos o lo que sentimos son más que simplemente palabras. Y por eso las luchas por las palabras, por el significado y por el control de las palabras, por la imposición de ciertas palabras y por el silenciamiento o la desactivación de otras, son luchas en los que se juega algo más que simplemente palabras..»
Jorge Larrosa
lunes, 13 de julio de 2015
martes, 30 de junio de 2015
Rocinante
Había gastado todas las monedas que podía permitirse en ese cuadrúpedo borrico, y aunque lo miraba con esa ternura que proviene del corazón, no dejaba de ver esa bestia desgarbada y zafia.
Nada importaba, todo era parte de su maquiavélico plan. De noche, cuando la miradas furtivas de la vecindad se entregaban al sueño, el y sus baldes de pintura harían la magia. Pincelada a pincelada transformo al zopenco en su rayado deseo. Disfruto creando su obra, porque no, su Frankenstein.
No daba crédito a sus ojos, la imagen lo dejaba sin aliento y mientras una lagrima de felicidad recorría aun su fría mejilla, recibió ese coz en las nalgas que le recordó, que el burro aunque se vista de cebra, burro queda.
Chin-pun!
Nada importaba, todo era parte de su maquiavélico plan. De noche, cuando la miradas furtivas de la vecindad se entregaban al sueño, el y sus baldes de pintura harían la magia. Pincelada a pincelada transformo al zopenco en su rayado deseo. Disfruto creando su obra, porque no, su Frankenstein.
No daba crédito a sus ojos, la imagen lo dejaba sin aliento y mientras una lagrima de felicidad recorría aun su fría mejilla, recibió ese coz en las nalgas que le recordó, que el burro aunque se vista de cebra, burro queda.
Chin-pun!
jueves, 21 de mayo de 2015
NK
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E
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ran casi las
cinco de la tarde, miraba su reloj nervioshamente. En la parada daba pitadas
fuertes y rápidas a su cigarro, mientras iba de un lado a otro bajo la garita, empapelada
de posters con la frase ¡¡¡Néstor vive!!!
Por fin
desde la esquina vio venir el vetusto colectivo de barrio que hacia el
recorrido k, por la calle Kukurucho y lo dejaba, según le habían dicho, cerca
de la estación de trenes, que hace poco habían rebautizado con el nombre del prócer.
El viaje fue
demasiado corto, tanto que no le dio tiempo a pensar en nada, sus ojos se clavaban
en el muñequito de Néstor con la cabecita loca que el chofer llevaba en el
torpedo.
Bajo por la
escalerilla trasera y cruzo a calle, sin esperar siquiera a orientarse, salió
al cruce del primer transeúnte que vio.
Un viejo
medio manso que caminaba desgarbado por la tarde otoñal. –Disculpe ameeego, ¿para
ir a la estación Néstor Kukurucho? Quiero tomar el tren hasta capital, hoy se inaugura
el centro cultural Néstor Kukurucho.
-Ah, bueno,
esta medio trasmano eh… Dijo el sexagenario. – Siga caminando por esta
callecita, unas 4 cuadras ahí nomás va a ver una avenida, esa es la Néstor Kukurucho,
doble nomas en esa a la derecha. De ahí, son dos cuadras hasta el monolito a Néstor,
el “sanador”. Cuando llegue, solo tiene que cruzar la calle y frente la iglesia
Néstor el “magnánimo”, va a encontrar la estación de trenes Néstor Kukurucho.
-¡Uy! ¡Qué
lejos! pensé que la línea K del colectivo me dejaba cerca, así no voy a llegar
a la inauguración.
-¿La del
centro cultural?
–Sí, sí, esa
misma.
-Ah,
pero aquí en la plaza Néstor Kukurucho, van a poner una pantalla gigante y
transmitir en vivo el evento.
- Ya me
estoy cruzando, gracias maistro.
Mientras el
joven se incorporaba al trote a la multitud militante, el viejo seguía su
camino pensando en años más felices, donde la gente iba donde quería.
jueves, 5 de marzo de 2015
Soliloquĭum
-Espera,
espera te digo. ¿Acaso no vez que me estoy terminando de cambiar?
-Sí, ya sé
que estamos apurados, pero no puedo salir el calzones. –Nos hubiésemos levantado
antes, pero vos no, siempre cinco minutitos más y acá tenés, una hora de retraso.
-Ni siquiera
tuve oportunidad, sabes bien que durante el día no pudo, no me gusta el baño de
la oficina.
-Esto es un
mal augurio de seguro, justo hoy que tengo la reunión de personal.-Además debo entrevistar
a ese tipejo, si ese que se da aires de no sé qué, es solo un enano engreído.
-No, amí no me importa, no doy cuentas del horario al que llego, pero me da bronca. – Aparte, si ayer no te hubieses enredado en esa película de cuarta. –Si de cuarta, no me vengas con que es cine con influencias de la Nouvelle Vague, una estetización de la violencia, los chorros de sangre todavía corren por la pantalla… -Sí,yo me calmo, pero por una vez, te pido que me tomes en serio. –No estoy dispuesto a acelerar de mas esta vez. – Mira, si casi no puedo ni sorber el café, se volcó y casi mancho el pantalón nuevo. -Tomapor la autopista te digo, es mejor. -Sí, hay que pagar peaje, no tengo tarjetita.-Mira ese imbécil como se cruza, ¡¡¡animal!!
-Viste amor, como va ese loco, gritando, vociferando, todo mundo apurado. Es mas parece estar hablando solo...
-No, amí no me importa, no doy cuentas del horario al que llego, pero me da bronca. – Aparte, si ayer no te hubieses enredado en esa película de cuarta. –Si de cuarta, no me vengas con que es cine con influencias de la Nouvelle Vague, una estetización de la violencia, los chorros de sangre todavía corren por la pantalla… -Sí,yo me calmo, pero por una vez, te pido que me tomes en serio. –No estoy dispuesto a acelerar de mas esta vez. – Mira, si casi no puedo ni sorber el café, se volcó y casi mancho el pantalón nuevo. -Tomapor la autopista te digo, es mejor. -Sí, hay que pagar peaje, no tengo tarjetita.-Mira ese imbécil como se cruza, ¡¡¡animal!!
-Viste amor, como va ese loco, gritando, vociferando, todo mundo apurado. Es mas parece estar hablando solo...
lunes, 23 de febrero de 2015
La mano insubordinada
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P
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or lo común comenzamos
el día atendiendo a la rutina, sin percatarnos de lo afortunados que somos de
que todo esté en su sitio y funcione sin contratiempos. En las cosas simples
uno no espera, ni desea cambio ni revoluciones, solo monotonía.
Pues bien,
cuando más necesitaba ese acorde devenir de lo conocido, ese día en que su
futuro laboral pendía de un hilo, ese día en que había planeado declarársele,
ese preciso día, ella si ella, fue la musa de la discordia. Se había levantado
con ansias de sobresalir, de convertirse en estrella, de ser el centro de atención.
Por su
puesto que las actividades normales estaban descartadas, incluso las más
necesarias y escatológicas, la siniestra no solo se negó a colaborar con el baño
diario, sino que desistió de una obligación que la tenía junto con el papel higiénico
como irremplazable.
Sin asearse,
con la cara cortada, desarreglado hubo de dirigirse a su trabajo, peleando
nunca mejor dicho a brazo partido para lograr y transitar el camino sin accidentes y
relativamente a horario.
Llego a la
oficina una vez que la reunión tenia algunos minutos de iniciada y se llevó
puesta esa mirada de soslayo y reprobación de su jefa y sus compañeros.
Pero no todo
era tan malo, no hasta el momento donde se distribuirían trabajos y
obligaciones para el año. Otra vez el protagonismo, ella no dejaba de
levantarse, contrayendo todo tipio de actividades, incluso fuera del horario
laboral. Dio gracias que hubiera concluido el asunto sin tener que arrodillarse
diariamente para saludar a toda la línea jerárquica.
Casi
abatido, para media mañana era un estropajo que se fregaba por las paredes de
los pasillos, tratando de evitar más infortunios provocados por la mañosa
extremidad, recorría el piso de la oficina por lugares intransitados.
Se acercaba
el medio día, y con el almuerzo, que podía cambiar el resto de su vida, estaba
seguro de que ella no claudicaría hasta arruinar por completo el momento.
Cavilando en
estos pensamientos hizo foco en aquella caja roja en el pasillo, si esa junto a la toma y la manguera de incendios. Vio la herramienta
tras el cristal y en el resplandor de su filo, supo que se encontraba la solución,
ya no había opción, la insubordinación no terminaría, emprendió entonces una drástica
separación.
domingo, 15 de febrero de 2015
Relato salvaje
U
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na tarde de calor, mucho calor, en el auto no se
podía más. Ni siquiera el aire acondicionado refrigeraba una ambiente que parecía
al rojo vivo.
Había
seis vehículos en la cola, pero ya casi no tenía combustible, por lo que era
imperativo esperar.
Esperar, parecía que todos estaban hechos de
chicle y con el calor se pegoteaban entre sí y con los surtidores, así uno a
uno iban pasando en cámara lenta.
Entonces, mientras todos seguíamos el orden,
mientras todos nos cocinábamos como sardinas en nuestros habitáculos, mientras
todos respetábamos a los demás, llego él.
Si, él. Ese pelado panzón, regordete vestido con el pantalón de gimnasia de las
tres rayitas. Debo confesar que esa remera rosa resaltaba su bronceada cara de nada.
Este personaje,
paso por nuestro lado, nos rodeó y se adelantó, tomando el primer turno en el
surtidor de enfrente que desde nuestro lugar parecía cerrado, pero estaba
totalmente operativo.
Cargo nafta con
cara de satisfacción, ya que no solo logro el trámite sin esperar, fresquito
como una lechuga, sino que literalmente libero sus eses sobre todos nosotros disfrutando
cada empujoncito.
Yo conté hasta
diez, más vale hasta veinte, y utilice una técnica muy efectiva para estos
casos, cerré los ojos e imagine al imbécil saliendo muy contento después de su
osada maniobra y recibiendo de lleno las cinco toneladas de un camión lechero.
Me quede con la frase pintada en su parte posterior "Si te molesto, tocame el pito"
viernes, 26 de diciembre de 2014
Tragasables
E
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l teatro, sin dudas,
un lugar de encuentro con las emociones,
allí donde cualquier cuento adquiere sobre las tablas el valor de la actuación.
En la calle
Corrientes, se daban cita las mejores compañías, y si bien en este caso no se sabía
bien de que se trataba la obra, había recibido tan buenas críticas que esa razón
bastaba para que una hora antes de la función, la gente se acomode en una
hilera interminable.
La creciente ansiedad había llegado a su momento culmine, minutos antes del comienzo. El lugar estaba como hacía muchos años no se lo veía, de bote a bote, incluso podría decirse que en cuanto a los asientos, estaba algo sobrevendido.
Una luz tenue provenía del escenario, velada casi por completo por el pesado telón.
Los espectadores llamaban al comienzo del espectáculo con un sepulcral silencio, seguido por fuertes aplausos.
La banda musical empezaba sus retumbes, haciendo vibrar el ambiente.
De pronto el cortinaje se abría suavemente.
Todo estaba presto, el primer vistazo fue desolador, ya que cualquiera podía decir, nada, en aquellas tablas no había nada.
Sin embargo, ese, nada,
como se dijo era para cualquiera, pero no para un espectador con vista avezada,
él podía seguir la luz buscadora de color blanco inmaculado, y allí en el
centro, vestida de gala, observar a esa hormiga empezando su acto, ingiriendo el
aquel primer alfiler.
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